Final feliz para los dos (o sea, SEXO), cuando parecía que era imposible- Te cuento lo que pasó

Hoy voy a contarte la que fue con diferencia la peor cita que tuve en todo el pasado 2019, y enseguida te vas a dar cuenta de por qué no siempre todo es como parece y de lo importante que es saber cómo hacer que las cosas sucedan en una primera cita.

Pero antes de seguir, dos cosas.

La primera, para todos aquellos fanáticos de la dictadura de la corrección política, recordarles que si en cualquiera de los portales web para público femenino está permitido que las mujeres hablen abiertamente sobre sus experiencias sexuales (y lo hacen dando todo tipo de detalles, incluyendo burlas de mal gusto sobre tamaños y desempeño sexual), aquí debería ser lo mismo.

La segunda, te adelanto ya que este artículo también tiene como finalidad transmitirte de manera muy clara el valor que contiene nuestro libro La guía definitiva para una cita perfecta. Así que, si esto es algo que en mayor o menor medida podría llegar a molestarte, quizás prefieras dejar de leer aquí mismo.

Dicho esto, empezamos…

Belgrado (Serbia), Febrero de 2019

Llegué a Belgrado justo cuando Tinder empezó a ponerse serio con esto de hacer ghosting al hombre de físico promedio o del montón. Nada más llegar tuve 5 likes, y esos 5 likes fueron todos los que tuve en el tiempo que pasé en Serbia. Tres de ellos eran de chicas que no me interesaban demasiado y dos de chicas súper atractivas.

La primera de esas dos chicas era morena, guapísima y con cuerpazo. En su foto principal aparecía con un vestido blanco muy cortito y ajustado. Empezamos a hablar y todo parecía ir bien, hasta que me preguntó sobre mi estatura, yo le dije que 1.80, y ella automáticamente me bloqueó, por manlet.

Aquí debo hacer un inciso. Belgrado es la ciudad con los tíos más altos del mundo. Y no son tíos altos y flacuchos como lo pueden ser en algunos lugares más hacia el este, sino que son altos y fuertes. Y esto es algo que cuando estás allí lo ves en todas partes.

La primera noche, cuando fui a comprar al supermercado, los dos cajeros que me atendieron eran dos carazas de, sin exagerarte nada, dos metros de estatura. Esos tíos en Madrid estarían viviendo del cuento sin ni siquiera tener que trabajar, y ahí estaban.

Pero lo peor era en la calle. En Kneza Mihaila, la calle peatonal principal y más transitada, creo que jamás vi a ningún tío más bajo que yo que fuera menor de 65 años. Ninguno. Hasta los señores mayores me sacaban un palmo. Y no sé dónde leí que la estatura media de los chavales jóvenes en Belgrado es de 1’86, así que imagínate.

Sin lugar a dudas, la competencia allí es brutal.

A pesar de ello, y supongo que fue gracias a mi estatus de europeo occidental, conseguí una cita con la otra chica atractiva que me dio like en Tinder, vamos a llamarle Sandra. Sandra es una chica de 23 años de pelo rubio clarito, ojos muy azules, piel blanca como la leche, alrededor de 1,70 de estatura y muy guapa.

No tengo ningún problema en decirte que, posiblemente, ligar con una chica española de este nivel actualmente ya no sea posible para mí, o quizás no en las grandes ciudades. Pero como ya hemos repetido docenas de veces por aquí, el que quiera subir de liga tiene que currárselo, y una de las maneras de hacerlo es viajando.

Y aunque la conversación con Sandra no fue precisamente para tirar cohetes, y me refiero a que ella en ningún momento mostró especial interés por mí (no hubo nada de jiji jaja durante el chat), cuando le propuse quedar para tomar algo y conocernos, ella aceptó.

Así fue la cita con Sandra

Aquella tarde me costó bastante encontrar a Sandra porque, sin saberlo, habíamos quedado en medio de una manifestación (que por cierto, era en contra de la OTAN), y cuando por fin di con ella me llevé una grata sorpresa, Sandra era en persona incluso mejor que en las fotos, lo cual ya es decir.

Sin embargo, ese primer encuentro fue frío como el hielo, tanto como la conversación que habíamos tenido por Tinder. Sandra estaba súper seria, por un momento hasta dudé de si había superado la primera impresión o si, por el contrario, ella iba a dar carpetazo a nuestra cita antes de empezarla.

Pero yo seguí con el guión, le dije de ir a tomar unas cervezas… y ella me siguió.

Salimos de la manifestación como pudimos y la llevé a un bar irlandés que estaba bastante cerca (y también cerca de mi apartamento), era oscuro y tenía mesas con sillas altas, por lo que sentarnos uno junto al otro iba a ser más fácil que en cualquier típico bar con mesas y sillas puestas unas enfrente de las otras. Esta es la mejor opción cuando no encuentras bares con sofás.

De camino al bar yo iba hablando un poco del tiempo y de cosas triviales. Para el que no lo sepa, es mejor guardarte tus mejores cartuchos para cuando ya estáis sentados y ella tiene toda su atención puesta en ti. Y mientras íbamos caminando, iba notando cómo Sandra no me daba mucha bola, solo respondía con monosílabos y si yo no decía nada, ella se callaba.

La cosa no parecía ir nada bien. Pero yo seguí sin inmutarme.

Después de sentarnos en el bar, pedimos nuestras cervezas y yo empecé a sacar temas de confort. Hablamos sobre estudios, trabajo y aficiones (como si aquello fuera la típica cita de First Dates), que es lo que hay que hacer al principio para hacer que ella se sienta cómoda y se suelte… pero nada, no funcionaba.

Sandra seguía hablando poco, haciendo pocas preguntas, haciendo poco contacto visual conmigo y su lenguaje corporal me indicaba que no se sentía especialmente cómoda, ni conmigo ni con la situación.

Definitivamente, la cita no estaba yendo nada bien, pero yo sabía perfectamente que lo peor que se puede hacer en estos casos es tratar de compensar la poca inversión de ella invirtiendo yo el doble y, por eso mismo, lo que hice fue seguir con el guión.

O sea, me mantuve serio y conversador, sin pasarme con las preguntas, hablando de mis experiencias, metiendo de vez en cuando algún comentario irónico al que acompañaba con una media sonrisa, jamás traté de animarla o de hacerla sonreír, jamás traté de divertirla, jamás me pasé yo con las sonrisas. Simplemente hice lo mío sin mostrar reactividad alguna, e interiormente esperaba que de alguna manera la cosa mejorara.

Y así fue hasta que en un momento dado Sandra se puso de pie, cogió su chaqueta y su bolso y dijo “me voy al baño, ahora vengo”, y se fue como disparada. Yo me quedé un poco así…

Sandra había desaparecido

Imagínate cuánto estaba tardando Sandra que yo llegué al punto de asumir que se había largado para no volver, cosa que, por cierto, nunca antes me había pasado. Y la verdad es que no me sentí mal, simplemente tomé la decisión de seguir disfrutando tranquilamente de mi cerveza, y luego me iba a beber la suya, que estaba ahí, casi sin empezar.

Aquella cerveza me estaba entrando fetén y me quedé como Dios.

Y cuando yo ya casi me había olvidado de Sandra y de la cita de mierda que estábamos teniendo, de repente, ella volvió. Me dijo “lo siento, había mucha cola en el baño”. Yo le dije que ok, que sin problemas, y reanudamos la cita.

Pero nada, ella seguía en el mismo plan, y yo decidí que aunque no la notara cómoda, no íbamos a pasarnos la cita entera como si estuviéramos en First Dates, así que avancé al siguiente paso del guión y empecé a sacar temas de conversación emocionales, a ver si eso podía hacer que las cosas mejoraran un poco.

Nada más empezar con estos temas, Sandra me dijo un poco apurada, “Lo siento, pero necesito fumar…”, y se sacó un pitillo del bolso. Yo le dije que adelante, que no se cortara. (Por si no lo sabes, en los balcanes todavía se puede fumar en los bares).

Y después de beberse media pinta de cerveza y de fumarse unos cuantos pitillos, por fin, Sandra empezó a soltarse, y empezó a ser ella.

Y se descubrió el pastel…

Mientras hablábamos sobre temas emocionales, finalmente Sandra se abrió y me dijo que tenía que confesarme algo. Me dijo algo como “estoy súper nerviosa, nunca antes había tenido una cita de Tinder. Antes cuando te he dicho que iba al baño he salido a fumar…”.

Yo le dije que no se preocupara, que se relajara, que conmigo no había motivos para que estuviera nerviosa (y por dentro empecé a pensar que a ver si las cosas estaban yendo mucho mejor de lo que hasta ese momento parecía).

Después de un buen rato de temas emocionales y de notar a Sandra por fin mucho más cómoda y abierta, no quise quedarme estancado y continué con el guión, introduje en la conversación el tema del sexo… ¿Y, sabes qué?

Sandra me siguió el juego.

Me contó que había estado años saliendo con un tío que sexualmente solo buscaba su propio placer, que lo pasó mal con él y me dijo que tenía muchas fantasías sexuales que quería hacer realidad, o al menos probar. Fantasías que compartíamos, por supuesto.

Yo le conté algunas cosas también, y ella me dijo que era la primera vez en la vida que tenía una conversación sexual con un hombre. Me dijo que jamás había hablado de sexo con su ex, que para ella, hasta ese momento el sexo era algo que se hacía, no algo de lo que se hablaba.

Seguimos hablando y hubo un momento en el que ella me hizo una pregunta en la que la única respuesta posible era una sexualmente muy explícita.

Yo le dije que quería responderle, pero que si le parecía, prefería hacerlo en un lugar más tranquilo, en el que pudiéramos estar los dos solos sin que nadie pudiera escucharnos, y se lo dije con un tono y una mirada con los que pretendía indicarle que me estaba refiriendo a mi apartamento.

Ella me dijo que ok, pagué la cuenta y nos fuimos.

Pero al salir del bar…

Al salir del bar las cosas tampoco fueron como esperaba

Nada más salir del bar y de dar unos pasos para llegar a la calle principal, ella dijo “vamos, te voy a enseñar el Castillo, por las noches está muy bonito…” y yo, que estaba convencido de que ella había entendido que la acababa de invitar a mi apartamento, no supe reaccionar y simplemente le dije que OK.

Empezamos a caminar hacia el castillo, que estaba a unos 15 minutos caminando, y durante diez segundos me pregunté si de verdad Sandra no había entendido mi insinuación o si, por el contrario, la había captado y de manera consciente o inconsciente me estaba testeando. La cuestión es que rápidamente me di cuenta de que daba igual, debía tratar de hacer que las cosas sucedieran.

Una vez más, debía seguir con el guión, y a pesar de que yo ya le había dicho que me parecía buena idea lo de ir al castillo, después de 10 segundos caminando paré y le dije:

Hace mucho frío (lo cual era cierto), yo creo que mejor te invito a tomar una cerveza en mi piso y continuamos allí con la conversación que estábamos teniendo, que estaba muy interesante, vamos…”.

Y Sandra dijo… “Vale :)”, y me siguió.

Y al final hubo final feliz para los dos

Y así fue como sucedió. En menos de dos minutos estábamos en mi piso tomando unas cervezas, nos besamos y en menos de 15 ya estábamos haciendo realidad todas nuestras fantasías sexuales.

Cuando vi a Sandra desnuda, fue de esos momentos en los que me dije a mí mismo que tenía que dar lo máximo de mí, hacer que ella disfrutara del sexo como nunca antes lo había hecho, y asegurarme así de que quisiera repetir. Porque con una chica así, estaba claro que yo iba a querer repetir infinitas veces.

Hice absolutamente TODO lo que te cuento en el eBook de “Introducción al orgasmo femenino”, que recibirás gratis junto con nuestro libro La guía definitiva para una cita perfecta, y después del sexo ella me envió esto:

Según Sandra, lo que más disfrutó del sexo conmigo fue «la manera en la que se sintió dejando que yo tuviera todo el control sobre ella». Si has leído nuestro eBook de «Introducción al orgasmo femenino» sabrás perfectamente a qué se refería.

Ni te imaginas lo feliz que me sentí cada uno de los minutos que pude compartir con Sandra.

Y por si te lo estás preguntando, estuve saliendo con ella durante las 2 semanas que pasé en Belgrado. No necesité hackear el algoritmo de Tinder para conseguir más likes porque con ella ya tenía todo lo que quería y mucho más.

Eso sí, en mis últimos días allí se me presentó un gran dilema, por un lado podía perder el dinero del vuelo de salida y alquilar otro apartamento para poder quedarme y seguir saliendo con Sandra, o por el otro, podía irme usando el billete de vuelo que ya tenía y perder la oportunidad de pasar más tiempo con ella.

Obviamente, yo prefería la primera opción, pero lo que no quería de ninguna de las maneras era quedarme en Belgrado, gastarme una pasta, y que luego ella decidiera que nuestro tiempo juntos había terminado. Y si te soy sincero, siempre sentí que ella tuvo una grandísima conexión sexual conmigo, pero no emocional, por lo que nuestra historia tenía pinta de tener una fecha de caducidad no muy lejana.

Por suerte para mí, Sandra me dio la patada 2 días antes de mi vuelo de salida (ella nunca supo que yo me iba, así que ese no fue el motivo. Simplemente mi turno con ella había terminado), por lo que pude salir de Serbia sin remordimientos y feliz de lo que había vivido junto a esta maravillosa chica.

Y salí rumbo hacia Amsterdam, donde también pasé uno de los mejores fines de semana del año, pero esa ya es otra historia.

Conclusión

Como te decía al inicio, el objetivo de este artículo es transmitirte de manera clara el valor que contiene nuestro libro La guía definitiva para una primera cita perfecta.

Para ello podría haberte contado cualquiera de las primeras citas que tuve el año pasado que desde el principio fueron bien, que fueron muchas, pero yo creo que cuando todo se ve más claro es cuando hay dificultades que hay que enfrentar y superar.

Puedo decirte sin miedo a equivocarme que si yo no hubiera sabido cómo hacer que las cosas sucedieran, si no hubiera seguido el guión que encontrarás en nuestro libro, es literalmente imposible que hubiera pasado algo entre Sandra y yo en la primera cita, y es más que probable que ella nunca hubiera querido tener una segunda.

Porque cuando eres un tío de físico promedio o del montón, lo normal es que solo tengas una oportunidad de hacer que las cosas sucedan.

Y puedo decirte también que si no hubiera hecho que ella disfrutara tanto del sexo aquella primera noche, si no hubiera seguido el guión que encontrarás en nuestro eBook de introducción al orgasmo femenino, ella jamás habría querido repetir. ¿Por qué iba a hacerlo?

Entonces, si estás interesado en este material, solo tienes que hacer click en el siguiente enlace:
La guía definitiva para una primera cita perfecta”.

¡Un abrazo y feliz semana!
Carlos Montoro

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